19 enero, 2006

Anochecer

Ahora mismo toda mi oficina está en silencio. Tan sólo se oyen las pulsaciones sobre el teclado de los aquí presentes y un lejano murmullo de los coches que pasan por unas calles alejadas. Por la ventana aún puedo ver la luz del sol, mezclada con el reflejo de los fluorescentes sobre el cristal. He abierto hace un rato la ventana para refrescar un poco el ambiente y a través del hueco que he dejado está entrando una brisa muy agradable. Me siento relajada. Incluso puedo respirar profundamente y notar esa brisilla rozándome el rostro. Hace 2 minutos escasos que me ha entrado algo de fresco, así que he cogido la chaqueta de lana y me la he puesto. Prefiero ponérmela ha cerrar la ventana. Esta sensación me trae recuerdos al verano en el pueblo. A cuando anochecía y refrescaba el ambiente y me recorría un escalofrío por toda la columna vertebral. O a cuando estudiaba en la Almunia y nos salíamos por la noche a las escaleras de incendios de la residencia, simplemente a relajarnos. Esta sensación no la logra el yoga. Me están gustando mucho estos días que hace sol. Lástima que estemos en Enero y que seguramente aún quedan muchos días de frío y de cielos nublados. A mí es que estos días me hacen sentir que merece la pena estar aquí.