Hace bastantes años me ocurrió algo que llamó bastante mi atención, lo suficiente al menos para que 10 años más tarde me siga acordando. Me lo sacó de la memoria un capítulo de House del martes pasado. Estaba haciendo yo un día tareas bastante monótonas y cuando estoy así me abstraigo. Vivo en mi mundo interior y a penas llego a detectar lo que ocurre a mi alrededor. Gracias a Dios que tenemos los reflejos. Lo malo es cuando una percepción es interpretada por el cerebro como otra señal diferente. Si fuera constante, supongo que sería enfermedad, pero sólo fue momentánea y únicamente me ha sucedido una vez en la vida. Estaba pasándoles un agua a vasos y copas en un fregadero un tanto profundo, para posteriormente meterlos al lavavajillas. La poza estaba cubierta por agua con jabón de tal manera que no se veían los vasos, sólo se palpaban. Yo estaba totalmente empanada, con la vista perdida entre que miras pero no ves y con las manos cubiertas en agua hasta medio antebrazo y empecé a notar una sensación muy agradable y placentera. Intentaba despertar de mi atontamiento para descubrir qué es lo que estaba tocando que tanto me gustaba. Seguía tocando y tocando hasta que empecé a verlo claro. Como si de un cuadro de visión tridimensional fuera, que no ves nada y de repente poco a poco se te aparece la imagen delante. Pues igual pero, con la sensación. Había una copa rota al fondo y la sensación que tanto me estaba gustando era: Que me estaba cortando!
Es un peligro que el cerebro interprete como le de la gana las señales externas que recibe.
19 junio, 2006
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